Oh, such a perfect day, I´m glad I spent it with you, oh such a perfect day

22 Abr

Como tenía visita de España, fui de compras, paseo por Lower East Side, de tiendas, dimos de casualidad con una boutique deliciosa de esas donde no venden ni un botón por debajo de 300 dólares, pero de las que te dejan entrar. Después el inevitable Soho. Una de las cosas más agradables de pasear por Soho, casi la única, es ver las instalaciones de Walter de María de la Fundación DIA. La misma que tiene el fantástico museo de arte ex raro de la segunda mitad del siglo XX, que está en Beacon, a unos pocos km al norte de Nueva York, en pleno bosque y a lado del Hudson. Bueno, pues  que mi amiga V et moi intentamos verlas, pero no hubo modo, era lunes y los lunes cierran, y como no nos paramos a leer que estaba cerrado los lunes en las DOS cartelas DOS en las que lo anuncian,  nos lanzamos a dar timbrazos y a porrear la puerta, acompañados por otra pareja de españoles que nos encontramos allí y que tampoco se había parado a leer las DOS cartelas DOS en la que lo dice.  Alguien supongo que harto del ruido, nos abrió el portal, lo cual reforzó nuestro error y ya arriba solo pudimos escuchar la música con la que el vigilante amenizaba su soledad desde la escalera y preguntarnos cómoesposiblequecaratanduraseguroqueestaoyendonosypasacompletamentenohayderechosevaaenterar. Es la segunda o tercera vez que lo intento con ella y nunca puedo, creo que me pongo en modo español con los españoles y no leo los carteles y me empeño en cosas.  Las instalaciones deben guardar el efecto sorpresa, recomiendo no ver fotos antes de ir, así que no las pongo yo tampoco. Después de enfriar nuestra frustración con más tiendas, almorzamos tarde en el Gitanes, en Nolita – que no es apodo de Manolita sino acrónimo de North of Little Italy- un café de modernillos (hipster) que van de compras por aquí o se acaban de levantar o van a pasea en perro adoptado por delante de las cuatro solo cuatro mesas de la terraza y se saludan y se dan tres besos como si fueran franceses y comentan las faldas desestructuradas que llevan.  Ponen cus cus y tiene un aire de morerío años cincuenta muy agradable.  Este es por fuera y por dentro

gitanes

Después una conferencia en Columbia sobre Lorca (todo esto de Lorca en NY lo cuento otro día), en la Biblioteca Butler, después del vino que daban – todos los eventos de Columbia tienen vino después, así tiran el dinero, pero en esta ciudad todo el mundo se pirra por comer gratis, y si no pones comida, no va nadie – pues eso, que después del vino, tiramos para Harlem que queda al lado, de Columbia y de mi casa. Fuimos al Red Rooster, que tiene una barra con música en directo casi todas las noches, y un restaurante de un cocinero  sueco (como en los Muppets/Teleñecos), que también hace los bocadillos del VIP lounge de American Airlines, por ejemplo. Uno de esos chefs estrella, o cocineros estelares, que viene a ser lo mismo. Este es el cocinero sueco delante de la barra. El de los Muppets tenía bigotazo, este no.

chef del red rooster

Fuimos C et moi, mi amiga V de España y mis amigos F y J, a Harlem pero que siguen echando mucho de menos el Brooklyn en el que vivían hasta hace un año.  El restaurante tiene turistas pero sobre todo gente rica del barrio que va a cenar y gente no ten rica que se queda en la barra, porque es el sitio de moda. Nosotros tiramos las casa por la ventana y le dimos a los dos palos, copas al son hip-hop del bueno en la barra y cena cuando nos dieron mensa un par de horas después. Digo lo del hip hop del bueno, porque el grupo era lo que tocaba y lo hacían francamente bien, no hay que olvidar que Sugar Hill que queda al lado, y que le da nombre a la cerveza local, es la cuna del Aserejé original.

El Red Rooster está en Lenox avenue, que se está poniendo muy animado a pesar de que acaban de cerrar el Lenox Lounge, un sitio de jazz de muchos años. La renta, que se ha puesto por las nubes. He leído que están de pleito con el nombre, Lenox lounge: el dueño del local quiere abrirlo otra vez pero el manager ha arramblado con el luminoso de la puerta y tiene la intención de abrir otra vez un par de bloques más arriba. A ver en que resulta. El caso es que al amor de la lumbre del Red Rooster han abierto otros dos o tres restaurantes y han revivido algunos bares de la zona. Algunos muy singulares, como un local de la Legión Extranjera (sic) donde pinchan soul y motown para mayores con mucha marcha (no hay nadie por debajo de laos 40) y donde no cabe un alfiler. La peña a veces se viste con sombrero y con el mismo traje de ir a misa en domingo nada más que el traje de por la noche es rojo o verde oscuro, y el de la misa es blanco o gris clarito, esos trajes de chaquetas enormes que solo he visto en Harlem. Pero hay muchos en chándal, que conste, nada consistente.

También ha cerrado el Sant Nicks, que se llama así porque estaba en Saint Nicholas Avenue, que es la calle en diagonal, como Broadway, que atraviesa el oeste de Harlem y Washington Highs. Eso ha revivido el París Blues porque ahora los lunes los músicos que no de los clubes del centro que cierran los lunes – como Walter di Maria- tocan ahí, es decir aquí

Paris Blues

Bueno, pues que después del Red Rooster, fuimos al París Blues Qué cambio, la primera vez que fui al París Blues (sí, como la peli:

Paris Blues Película

qué dos, qué guapos), estaba desierto y tocaban tres que parecían un anuncio de los ochenta de Benetton, pero distorsionado: un batería blanco perfectamente olvidable por cierto, un guitarrista japonés con el pelo largo que parecía la niña de The Ring, y un señor del barrio al saxo con su pañuelo al hombro como si fuera violinista,  que llevaba precisamente unos de esos trajes, en beige. Tocaban muy bien, pero aquello estaba bastante muerto. Esa última vez tenía la barra llena – las mesas no- porque si te sientas en la barra se oye fatal y no ves nada. Tiene luces de navidad todo el año y un altarcico con los señores de Obama, James Brown, Michael Jackson y Witney Huston. La camarera te recibe bailando y es más simpática que LaDonna de Tremé; el bar es más o menos así, ahora que lo pienso. Y los músico de esa noche? Nada que ver con los de la otra, había un batería, un teclado, un bajo y una tropel de saxos y trombones que se sentaban y se ponían de pie cuando les parecía para robarse el sitio en la melodía o en el solo. Yo, que el bee-bop no lo aguanto ni en disco ni en teatro, aquí me parece maravilloso, con sus citas y sus complicidades, y sin tanto virtuosismo, más de andar por casa, como si no tuvieran que demostrarle nada a nadie. En algún momento pasan un cubo para pedir propina para los músicos, y me da una rabia enorme cuando la gente no es generosa y echa un dólar o dos, sin pensar que ese espectáculo que están viendo les costaría un perral en el Village Vanguard o en el Blue Note.

Después el paseo nocturno hasta mi casa no pudo ser porque es abril pero se levantó viento y hacía un frio de perros, una pena porque me encanta ese paseo por las aceras con los stoops a veces con grupos de gente charlando aunque sean las tantas y los caminillos y las escalinatas del Morning Side Park. Buenas noches.

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3 comentarios to “Oh, such a perfect day, I´m glad I spent it with you, oh such a perfect day”

  1. viqui 27 de abril de 2013 a 1:11 pm #

    qué bonito relato; me gusta, algo me suena no? gran gran sorpresa , creo que vas a publicar el río del lobo en olvidos de granada , do you remember?

  2. viqui 28 de abril de 2013 a 7:19 am #

    gracias guapa guadalupeescupequetastragaounpelo

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